Las baterías inundan las fábricas. ¿Las tienes controladas?

Operario con atornilladora a batería y transpaleta eléctrica con carga en una fábrica
imagen generada con IA

Un operario prepara una intervención de mantenimiento. Antes habría metido cuatro destornilladores en la caja de herramientas. Hoy coge una atornilladora, un juego de puntas y una batería de repuesto. Trabaja con más autonomía, llega mejor a determinados puntos y cambia de tarea sin buscar un enchufe.

A pocos metros, otra persona mueve un palé con una transpaleta eléctrica. En el taller se utilizan herramientas sin cable. Y, al terminar el turno, parte de la plantilla vuelve a casa en los mismos patinetes eléctricos que ya recorren las ciudades y los polígonos industriales.

La batería de litio se ha incorporado al trabajo casi sin hacer ruido. Equipo a equipo. Compra a compra.

Ahora conviene mirar dónde se carga, dónde se guarda y qué hacemos cuando algo falla.

El cable desaparece. La energía sigue ahí.

Las baterías han dado movilidad a herramientas y equipos que antes dependían de una toma eléctrica. Han facilitado desplazamientos, reducido esfuerzos y permitido trabajar en lugares donde llevar alimentación resultaba complicado.

Su expansión tiene dimensión industrial. En España, las matriculaciones de turismos eléctricos e híbridos enchufables crecieron un 94,6 % en 2025, según ANFAC. Ese mismo año, la nueva potencia de almacenamiento mediante baterías instalada en el mundo aumentó un 40 %, según la Agencia Internacional de la Energía.

En la fábrica, ese cambio se traduce en decisiones muy concretas: habilitar puntos de carga, guardar repuestos, recibir equipos para reparar y gestionar baterías que han llegado al final de su vida útil.

Cada una de esas operaciones necesita un criterio de seguridad.

Una batería golpeada no puede quedarse «ahí, de momento»

Una herramienta cae al suelo. Una batería recibe un impacto durante una maniobra. Otra empieza a deformarse o presenta un calentamiento anormal.

Son situaciones que requieren una respuesta prevista. Quién comunica la incidencia, quién valora el estado del equipo y cómo se gestiona hasta su retirada.

Una batería dañada puede sufrir un cortocircuito interno y desencadenar un embalamiento térmico: una reacción que eleva la temperatura de forma descontrolada y puede propagarse entre sus celdas.

Las consecuencias pueden incluir fuego, gases tóxicos e inflamables y proyecciones de material. Además, una batería puede permanecer inestable y volver a reaccionar después del incidente. El INRS recoge estos riesgos en su documentación sobre baterías de litio en el trabajo.

Por eso importa tanto lo que hay alrededor: personas trabajando, embalajes, mercancías, maquinaria o una vía de evacuación.

La protección empieza antes de la incidencia

En una planta conocemos la importancia de ordenar los productos químicos, señalizar una instalación o controlar las energías durante el mantenimiento. Las baterías necesitan incorporarse a esa misma disciplina.

La carga debe tener su sitio. Con cargadores compatibles, una instalación adecuada y condiciones definidas para los equipos que se conectan.

El almacenamiento debe estar previsto. Las baterías de repuesto, las usadas y las dañadas requieren una gestión acorde con su estado. La ubicación, la separación respecto a materiales combustibles y las vías de evacuación forman parte de esa decisión.

Las incidencias deben tener un procedimiento. Una deformación, una fuga o un calentamiento anormal tienen que activar una comunicación y una respuesta conocidas por el personal. Las baterías dañadas deben quedar fuera del uso y de la carga habitual, bajo el procedimiento establecido.

Las personas deben saber cómo actuar. Reconocer las señales de alarma, avisar y evacuar con seguridad. Ante un incendio, la prioridad es proteger a las personas y activar la respuesta de emergencia prevista. Estas son algunas de las medidas que destaca el INRS en sus recomendaciones de prevención.

Armario GELKOH LiBaVault para almacenamiento de baterías de litio
Armario LiBaVault. Fotografía: GELKOH.

Proteger a las personas y evitar que la incidencia alcance a la planta

Un armario, un contenedor o un embalaje adecuado puede formar parte de la protección. Su elección debe responder al tipo de batería, a su capacidad, a su estado y a la operación que se realiza.

La solución debe encajar también en el trabajo diario: dónde se coloca, quién accede, cómo se detecta una anomalía y qué procedimiento sigue el equipo.

En BAroig trabajamos con las soluciones GELKOH para baterías de litio, con opciones para transporte, almacenamiento, cuarentena y puestos de trabajo.

Si tu fábrica está incorporando más equipos con batería, hablemos de cómo se utilizan, dónde se cargan y cómo se almacenan. Ese es el punto de partida para proteger a las personas, los equipos y las instalaciones.

#SomosGenteDeFábrica

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